Julio Cortázar

Cultura
Agosto 26, 2017 Raúl López Téllez
Hoy nació Julio Cortázar
En un día como hoy, al más puro estilo de los obituarios, pero de 1914, nació en Bélgica un enorme ser al que sus padres bautizaron como Julio.
Cortázar se apellidó quien fue docente, traductor de Edgar Allan Poe y en varios organismos internacionales y finalmente ciudadano de mundo bajo el cielo de París. Nos legó varias definiciones sobre “famas” y “cronopios”, una Maga para enamorarnos al mismo tiempo de la misma mujer, una teoría formidable sobre el cuento y muchísimas narraciones inmersas en el deslumbramiento de lo cotidiano y los mundos escondidos en los dibujos de Wolfi, Alechinsky y en la ruta de los gatos y las hormigas.

De inmensa figura y ojos enormísimos, Cortázar publicó su primer cuento, La casa tomada, bajo la aprobación de Jorge Luis Borges. Rayuela, El Libro de Manuel, Último Round, La vuelta al día en 80 mundos, Bestiario, son algunas de las obras más conocidas de un autor que nos legó párrafos bellos como éste, del capítulo siete, y que dejamos como mínimo homenaje:

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

“Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”.